sábado, 4 de junio de 2016

PERIODISTAS

(Con la ayuda de Anton Chejov)
Gorka Gogor, redactor del periódico El Cornetín, hombre apagado, rictus triste, pies planos, alcohólico letárgico, bebía cerveza de una jarra de litro junto a su colega Pintxo Poto, con mofletes de radiante optimismo, palabrero insaciable, pero que sabía escuchar cuando bebía café.
- ¿Por qué me haces esto, GeGe? Llevamos cerca de quince minutos en la barra de este bar cuando deberíamos estar en el barrio de Torrejuna, que es donde han encontrado a una anciana sin orejas. Ya sé que el estropicio no da más que para cuarenta líneas, pero la foto se la lleva el primer soplagaitas. 
Mejor que el sádico le hubiera sacado un ojo. Así me daba la cosa para cien renglones. Un ojo fuera produce más repelús que dos orejas. El corte de las ternillas te permite hacer algún chiste malvado. El ojo te abre el camino de la psicología y te da pie para hablar de la maldad que campea en el mundo y de la rudeza de los delincuentes contemporáneos. Sin embargo, las orejas se pueden cubrir con un peinado gracioso y que el Diablo me tiente. ¡Es lo que hay! ¡No más de cuarenta líneas! Pero si no achicas la jarra ¡ya!, no escribiremos ni fin.
- ¿No decías que tu café lo habían hecho en una fundición?-dijo el columnista Ge-Ge.
- Puedo bebérmelo de un trago y partir al tajo como una centella. Siempre te puedes encontrar con una vecina que sabe más que el quién y el qué. Así, una galernilla se hace galerna y con un poco de aquí, otro poco de allá y con ingenio, cuarenta líneas pueden llegar a cien. 
- Cada día me enfango más en mi incompetencia. Llegar a la conclusión de que nada ni nadie merece la atención de un plumífero es sinónimo de fracaso. Vivir en un mundo donde los sucesos se repiten todos los días, donde la originalidad no existe porque el género humano porta la semilla de la maldad allí a donde vaya. Y así se aniquilan los unos a los otros, se escupen, se roban las gallinas o los coches o las tarjetas de crédito. ¡Hasta la madre que nos parió! Ya todo está escrito. Las hojas de los periódicos de hoy son fotocopias de las de ayer, las noticias de los telediarios se hacen eco de la violencia de género del día, del bajo nivel de los políticos, de las manos negras que limpian el dinero de la hacienda pública. Se me borran las letras de las teclas de mi ordenador cuando hago tribunales y describo la muerte del fallecido: <<El cadáver presentaba un surco en el cuello con una “erosión apergaminada y aplastada” y la tráquea fracturada, fruto de un “estrangulamiento a lazo” con el cable de las planchas del pelo. >> ¡Oh, paciente Job! Lo más trágico es que cuanto más envejezco más cosas sé y me da lástima gastar las hermosas palabras de nuestro lenguaje en sucesos habituales.
Ge-Ge se quedó en silencio con su tristeza latente en su rostro.
- Creo que voy a pedir otro café- dijo Pe-Pe.
- Para no dejarte solo, beberé una jarra de cerveza. ¿Y si nos quedamos aquí tan ricamente?-dijo Ge-Ge. de pronto.
- ¡El deber nos llama, amigo!
- Escucha. No hay día que no piense en noticias tremendas, horripilantes, explosivas, que pongan los pelos de punta. Entonces sí que me pondría a escribir de inmediato. Los grandes sucesos necesitan buenos periodistas. Cualquier profesional mediocre describe un suicidio, detalla un atraco, escribe sobre los paraísos fiscales o anuncia la invasión de cerdos enanos. Es lo que hay. ¡Pero si un grupo rebelde islamita tomase el Vaticano por asalto y secuestrara al Papa o digamos que la luna dejara de dar vueltas alrededor de la tierra y se diese el piro. 
¿No te pondrías a escribir el artículo de tu vida si un anochecer descubres que tu mujer se ha ido a vivir con su madre para siempre jamás? ¡Oh, Dios! ¡Qué breva!
- Mi matrimonio navega en una balsa de aceite. Mis dos hijitas y mi mujer son como dos capullos y una rosa en su máximo esplendor- dijo Pe-Pe acariciándose sus mofletes de hombre feliz.
- Ya le llegará el tiempo de palidecer a tu rosa festiva. Entonces clavará las espinas de su reseco tallo allí donde más daño te haga. No esperes que tus dos capullitos acudan en tu ayuda. Ellas querrán estrenar un vestido todos los meses y tendrás que usar los ahorros de tu vida para hacerles el ajuar cuando cacen a dos gárrulos insoportables. Todavía eres un inocente palomo que no piensa en los puñales que pinta la noche oscura. ¡Qué Dios te ayude a llegar a mis años con tu feliz optimismo!
Pe-Pe ojeó sin disimulo el aspecto de su colega. Lo hizo como si acabara de conocer. Observó que su cuerpo había alcanzado las dos características fundamentales de los grandes alcohólicos: culo escurrido y cara de caballo.
- ¿Qué miras?- le preguntó Ge-Ge mosqueado.
- Investigo tus particulares características. De un tiempo acá actualizo en mi memoria los cambios de fachada de mis amigos.
- ¿…?
- No tiene importancia. Es para mi fichero particular. Veo que se te ha alargado el rostro, que te ha crecido la dentadura y que has perdido peso- dijo Pe-Pe con sorna manifiesta.
- Ningún gordo soporta con estoicismo las bromas. El tocino se les avinagra de la rabia que sienten. ¿Qué he dicho que te haya podido hacer daño? ¿Acaso que tu mujer, hoy rosa lozana, te va a clavar sus pinchos cuando llegue a vieja? Adivino que has montado tu pequeño circo para decirme con perífrasis que estoy alcoholizado. La cerveza no emborracha, colega. Lo que emborracha es el café. ¡Emborracha y mata!
- El café te mantiene despierto. El alcohol te duerme. Por eso los buenos periodistas amamos el café.- dijo Pe-Pe con ganas de pelea.
- Quizás lleves razón. Sin embargo, para contar que anda un poda orejas suelto por la ciudad no se necesita estar excitado. Prefiero seguir enamorado de la priva para ver confusa la vida. Resulta muy aburrido escribir todos los días la misma noticia. La sangre alborotada me llevaría al suicidio. ¡Al carajo las orejas!- dijo Ge- Ge limpiando la jarra de cerveza de un trago.
Se abrochó la americana y se fue a casa caminando de costado para esquivar el viento. Su hogar era triste. Tan triste como una iglesia sin iluminar. Su mujer, Gorgonia Mandiola, vivía amargada desde que abortó un feto muy crecido con todas las partes de varón en su sitio. Era un niño raro, aunque se veía que se trataba de un chico sin terminar. Gorgonia conservaba a su hijo en un frasco de alcohol. Lo tenía encima del aparador del comedor. Gorgonia no tuvo más hijos y se consolaba hablando con el feto. Ge-Ge exigía a su mejer que cubriera el frasco del feto cuando él se encontraba en casa. También recordaba a su esposa que no faltara orujo. Ge-Ge, algunas veces, se volvía medio loco e insultaba con mucha maldad a Gorgonia. También le estiraba de la nariz y le escondía los dientes postizos de arriba. Todavía enloquecía más si Gorgonia se olvidaba de cubrir el feto. Entonces gritaba hasta escupir sangre y lloraba bramando barbaridades. Detrás de la puerta de los hogares suceden cosas impensables. Precisamente aquel maldito día que, al parecer, el único suceso que hubo en la ciudad fue la aparición de una anciana sin orejas, Gorgonia Mandiola se olvidó de comprar orujo y no cubrió el frasco con el paño de terciopelo azul. La pobre mujer llegó a casa pensando lo peor. Sin embargo, encontró a su marido tranquilo. Y es que, para entonces, Gorka Gogor ya había abierto el frasco, había tirado el feto por la ventana al perro de la vecina y se había bebido el alcohol. Después escribió lo que había hecho y lo mandó al periódico.
- Al fin y al cabo he sido sujeto de la noticia- dijo a Pintxo Poto al día siguiente en la taberna.




FIN


Arrigunaga (GETXO) 19 de abril de 2016.



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